diumenge 25 de maig de 2008
Carta a una señorita en Bogotá (1)
Querida devoción colombiana, permíteme que te escriba a los ojos de unos pocos –muy pocos, tranquila- y te regale así unos cuantos minutos de esa desconexión virtual tan saludable y recomendable que practicas últimamente. Lo primero, pedirte disculpas por la demora en mi respuesta, pero ya sabes, mi horario va tristemente ligado al de unos desalmados que se hacen llamar luchadores vascos y que siguen colocando bombas en cuarteles de la Guardia Civil y balas en la nuca de padres de familia sin saber muy bien por qué. O sí lo saben, pero yo ni llego ni llegaré a comprenderlo; mi cuerpo está incapacitado para albergar tanto odio, incapacitado para soltarlo apretando un gatillo y hundiendo la vida de personas que solo hacían eso, intentar vivir. El fin de semana pasado, en un acto organizado por el gobierno vasco en San Sebastián, cuando me disponía a entrar a uno de los cientos de aseos del magnífico Kursaal por la puerta del señor con sombrero, cerraba la otra puerta, la de la chica con faldilla y paraguas, la viuda de Isaías Carrasco, ex concejal del Partido Socialista de Euskadi asesinado por un pistolero de ETA hace dos meses. La viuda andaba por inercia, miraba pero no miraba, estaba pero no estaba. Hace dos fines de semana, en un almuerzo gratuito y multitudinario –adjetivos muy ligados- repleto de políticos socialistas y de sus devotos, me quedé atascado en un pasillo, sin opción de avanzar ni retroceder; delante, a unos centímetros de mi nariz, con la mirada perdida, perdida toda ella, como su madre, igual que su madre, la hija adolescente de Isaías Carrasco. Este fin de semana me quedé en casa, lo que me exime de toparme con el hijo de cuatro años del ex concejal asesinado. Supongo que de eso se trata, que eso es lo que hacen para seguir respirando como si no pasara nada: no mirar a los ojos que has dejado sin mirada. Supongo que eso es lo que hacen los familiares de etarras que salen cada primer viernes de mes a la calle con orgullo y con la fotografía del asesino de su padre, hijo, hermano o primo segundo; no piensan en quien está sin estar por culpa de un coche lleno de explosivo y odio, por culpa de una bala que les es muy familiar. Supongo que Sandra, la hija de Isaías, la adolescente que abrazo a su padre cuando este se desangraba en la calle, delante de casa, encontró las palabras exactas para definir a todos esos que no miran a los ojos para no verse reflejados: “hijos de puta”. En fin, costeña, que me alargué con las disculpas por mi demora, pero es que van muy ligadas con el motivo principal de este correo. Quería compartir contigo la tristeza por la muerte de Pedro Antonio Martín, de Marulanda. No, no te alarmes, no ando decaído porque Tirofijo no haya superado el infarto, si no porque se murió precisamente de eso, de un infarto, y con más de cuatro décadas de asesinatos a sus espaldas. Algo falla cuando un terrorista desaparece pasados los setenta y por muerte natural. Dicen que Alfonso Cano toma el relevo en las FARC; un antropólogo por un carnicero, suena esperanzador. No me alargo más. Espero que por Bogotá todo te vaya bien, que tus reuniones con Buda y sus relajados vasallos sigan igual de interesantes, y que encuentres tiempo para contármelo. Pídele disculpas de mi parte a Cortázar por robarle el nombre de uno de sus cuentos, y por olvidarme de París y Buenos Aires. Hasta la próxima.
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1 comentarios:
Aunque al Gobierno en turno se le ocurra decir que Marulanda, si bien ha muerto de un infarto, fue ocasionada por los bombardeos a sus campamentos, no es mas que una excusa para distraer a un pais que esperaba ver muerto a este tipo en su ley. Cano, resulta ser un comodin de Jojoy, o de Chavez, tal vez, que ahora se le ha dado por traicionar publicamente a las Farc.Ya ves, desde la ETA a las FARC, esos hijos de putas, como bien dijo la chica, me jode un poco la esperanza. Por esas razones me desconecto de todo, porque lo unico esperanzador es vivir lo que se pueda, y de la mejor manera. Te disculpo, sin necesidad de Cortazar, porque poco he entendido Rayuela.
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