divendres, 13 / juny / 2008

Orgasme número 5

Escribo para no llamar. Porqué tenía que aporrear el teléfono hace una hora, pero no me apetece. Ni teclear ni quedar para comer. Consciente que es el desplante definitivo. Que no ponerme en contacto con ella antes que mañana a primera hora tome un avión barato dirección Islas Baleares, tal y como le prometí dos veces, se traducirá en rotura: no más conversaciones forzadas y insustanciales, no más cenas caras en Cantabria, no más ropa interior minimalista de leopardo, no más inmensos pezones siempre erectos (el derecho mucho más inmenso que el izquierdo)… Solo un encuentro rápido para entregarle el camisón transparente que se dejó en casa. Nada más. Todo eso… por una no llamada. Escribía hoy Bibiana (la de los silencios televisivos en catalán) en ese periódico que cada día es menos mío, que pertenecemos a una generación que lo quiere todo, y todo a la vez. Una generación que no se lo juega todo a una carta, porqué centrarse en un único plan no tiene nada de emocionante. La generación de los encuentros puntuales, la que no se compromete con nadie seriamente. Pues eso. Hoy comeré en casa. Solo. Esperanzado con la cena de mañana. Hasta que la esperanza mute en otra no llamada.

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