
Plou, com sempre. L’individu borrós camina pels estrets i atractius carrers del casc antic de la ciutat arrastrant els peus i l’ànima. Tot i la seva tant característica difusió, la gent constata que fa mala cara. Blanquinós i ullerós, mal vestit i descuidat, s'apropa a les escales de la plaça amb nom d’un contradictori escriptor i filòsof bilbaí del segle passat. Uns tres cents esglaons de convulsa història i.. a casa? La pregunta el supera. No tenir la resposta l’exaspera. Unamuno també va deixar poemes:
“Desde mi cielo a despedirme llegas fino orvallo que lentamente bañas los robledos que visten las montañas de mi tierra, y los maíces de sus vegas. Compadeciendo mi secura, riegas montes y valles, los de mis entrañas, y con tu bruma el horizonte empañas de mi sino, y así en la fe me anegas. Madre Vizcaya, voy desde tus brazos verdes, jugosos, a Castilla enjuta, donde fieles me aguardan los abrazos de costumbre, que el hombre no disfruta de libertad si no es preso en los lazos de amor, compañero de la ruta”
“Desde mi cielo a despedirme llegas fino orvallo que lentamente bañas los robledos que visten las montañas de mi tierra, y los maíces de sus vegas. Compadeciendo mi secura, riegas montes y valles, los de mis entrañas, y con tu bruma el horizonte empañas de mi sino, y así en la fe me anegas. Madre Vizcaya, voy desde tus brazos verdes, jugosos, a Castilla enjuta, donde fieles me aguardan los abrazos de costumbre, que el hombre no disfruta de libertad si no es preso en los lazos de amor, compañero de la ruta”
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