dimecres, 4 / març / 2009
Orgasme número 18
Me gusta llegar a estas altas horas sin bostezos ni abrazos interesados al cojín. Me gusta poder tumbarme en la cama sabiendo que no voy a leer seis veces seguidas la segunda de las páginas. Hoy me ganó el sueño, de goleada, pero me gusta que sea así (voy a preocuparme porque empieza a gustarme todo). Hoy no llego a la hora de cenicienta porque cenicienta no existe y porque ando arrastrándome desde la cena. Esta noche el olor de la habitación hará de somnífero rápido porque el día fue trepidante. Sí, de nuevo el trabajo. No, sin quejas, lo prometo. Hoy es uno de esos días que voy a recordar, y no porque tenga la conversación gravada en ese aparato moderno. Cerraré los ojos en unos minutos con los niveles de sexismo mucho más altos que cuando los abrí hace unas horas. Sí, discrimino a los políticos, en masculino. Póngame una política que lo sienta, que lo viva, que lo cuente y que lo cuente bien, como ella, por favor. Para más datos, léase ese periódico que no se lee nadie porque hoy en día no se lleva ni leer periódicos ni leer en idiomas que no hablen cientos de millones de personas más. Y me dormí.
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