dilluns 20 d’abril de 2009

Orgasme número 23

Tiene pocas ganas de hablar, muy pocas, pero le pregunto y responde a regañadientes y medio susurrando. Quiere pensar que su egocentrismo es el justo y que no hablas de él, costeña. Quiere creer eso, añade, porque la otra opción no tendría sentido alguno: ni tú has llamado nunca por teléfono para solucionar nada, ni tu supuesta benevolencia ha sido el respirador artificial gracias al cual esto sigue vivo, o agonizando. Quiere creer, destaca, que no hablas de él porque tú nunca calificarías de ‘ridiculez’ el querer enterrar la mutua confianza con un seguido de ridículas mentiras. Desea creer, sentencia, que hablas de cualquier otro cuando exiges meritos sin ni tan siquiera preguntarte que has hecho tú para merecer más. Si los únicos motivos que te importan son los tuyos, si lo único que ves al otro lado es victimismo injustificado, la respuesta es sencilla: eterno. El silencio será eterno.

1 comentarios:

Anònim ha dit...

Haria bien en creer que no es el, porque aunque lo parezca, no es. Pese a su tendencia reiterativa de censurar la manera como ella lo quiso...De poner su orgullo antes que el sentimiento..Ella lo tiene claro, quizas no es lo que el busca ahora, quizas se canso de ella...Pero igual no quiere silencios eternos...