
Será por los que mueren aplastados sin haber empezado a vivir. Será por este cielo tan pesado que amenaza con aplastarnos el día menos pensado. Será por mi desorientación vital crónica. O será por la extraña sensación que me provoca tanto enano nuevo, cercano y frágil en este mundo. Será por lo que será, pero me dio por pensar en los años que me quedan de vida. Si no me perdí en las cuentas, 533 meses de seguir respirando. Ni uno más ni uno menos. Será por esa cifra tan tranquilizadoramente exacta, que no estoy dispuesto a que me entierren ya, y menos por algo tan trivial como un romance que en una mala noche dejó de ser pasajero. No me gustan los coches extraños con conocido en el interior que controlan el portal de su casa. Detesto las llamadas de esos a los que nunca les he dado mi teléfono y que, encima, ni tan siquiera preguntan por mí. Se lió todo peligrosamente. Supongo que me lié de nuevo. Por eso voy a agarrar mis 533 meses más, y voy a correr hacia la salida, la que sea, no me importa donde empiece a jadear, mientras sea lejos de todo esto. Muchos, aún sin conocerla a ella, me llamaran cobarde. Otros, conociéndola, también. Cobarde, sí. Pero como dejó escrito Quevedo, no por tener miedo del contrario; cobarde por temer a mi propio temor. Qué le vamos a hacer, a pesar de todo, le cogí el gusto a esto de vivir.
