divendres, 24 / abril / 2009

Somnis


Recordo somnis il·lògics i estranys entre els llençols calents i les energies intactes de primera hora del dia. No els escric, com ella em va recomanar, perquè llegir-los després del cafè ben negre i la dutxa d’aigua bullent només em serviria per constatar que aquell punt d’entranyable bogeria que tots tenim més o menys controlat cada dia va a més, i cada dia està més desbocada. Espais que fa anys que no trepitjo ocupats per individus que ja fa molt que es van allunyar. Terribles tragèdies que mai s’han donat i que, de succeir, suportaria amb excessives dificultats. Animals fantàstics i nans. Països llunyans i vides i mons impossibles. Tot fosc. Una nit rere l’altre. Tot angoixant. Caldrà canviar el llit. I ja posats, l’habitació, el pis, la ciutat i la meva vida. I a seguir somniant.

dilluns, 20 / abril / 2009

Orgasme número 23

Tiene pocas ganas de hablar, muy pocas, pero le pregunto y responde a regañadientes y medio susurrando. Quiere pensar que su egocentrismo es el justo y que no hablas de él, costeña. Quiere creer eso, añade, porque la otra opción no tendría sentido alguno: ni tú has llamado nunca por teléfono para solucionar nada, ni tu supuesta benevolencia ha sido el respirador artificial gracias al cual esto sigue vivo, o agonizando. Quiere creer, destaca, que no hablas de él porque tú nunca calificarías de ‘ridiculez’ el querer enterrar la mutua confianza con un seguido de ridículas mentiras. Desea creer, sentencia, que hablas de cualquier otro cuando exiges meritos sin ni tan siquiera preguntarte que has hecho tú para merecer más. Si los únicos motivos que te importan son los tuyos, si lo único que ves al otro lado es victimismo injustificado, la respuesta es sencilla: eterno. El silencio será eterno.

dilluns, 13 / abril / 2009

Orgasme número 22


Tumbado en la cama de un frío y lujosos hotel de Tokio, a altas horas de la madrugada, y acompañado por Scarlett Johanson y sus labios de ensueño, el siempre genial Bill Murray suelta una de esas frases que es recomendable memorizar: “cuanto más sabes quién eres, y lo que quieres, menos te afectan las cosas”. La frase la escribe Sofia Coppola, la puede escuchar uno en Lost in Translation y la escupe Bill respondiendo a una pregunta de Scarlett: “estoy perdida. ¿Esto tiene remedio?” Sí, remedio tiene, pero el problema es que mis años empiezan a dejarme claro quien demonios soy y, sobretodo, qué quiero. Quiero personas que me miren a los ojos, y no gente que se esconda, huyendo o callando. Quiero a los que dan, y no a los que se limitan a pedir. Quiero gente que crea en imposibles, que sueñe en colectivo, que vea más allá de sus pies. Quiero sinceridad, valentía. Eso es lo que quiero. Y descubrir que tú, ella o la otra no lo tenéis, empieza a no afectarme. Como a Bill, que al final de la película, besa esos labios… por primera y última vez.